EL MUSEO RECIBIÓ LA DONACIÓN DE UN IMPORTANTE ACERVO FOTOGRÁFICO

EL MUSEO RECIBIÓ LA DONACIÓN DE UN IMPORTANTE ACERVO FOTOGRÁFICO

Juan y Marilú, hijos de Juan Villarruel, fotógrafo histórico del diario Río Negro, donaron archivos fotográficos y equipamiento al Museo de la Comunicación Regional, dependiente de la Universidad Nacional del Comahue. El material deberá pasar por una etapa de evaluación, inventario y digitalización, tras lo cual se pondrá a disposición del público. La donación cumple con la voluntad de Juan de que este valioso material forme parte del museo y pueda ser utilizado para preservar la memoria y educar a las nuevas generaciones de comunicadores de la FADECS. Juan fue un gran colaborador del MCR desde sus inicios e incluso figura en sus materiales una entrevista realizada hace seis años.

Entre los archivos figuran negativos de fotografía que retratan hechos históricos del Alto Valle en los últimos 65 años. También fueron cedidos equipos fotográficos, como cámaras y ampliadoras, además de radios y un grabador de cinta abierta. Juan Villarruel, quien falleció en marzo de este año, fue uno de los reporteros gráficos emblemáticos de la Patagonia y un referente histórico del diario Río Negro, donde trabajó durante más de tres décadas.

Antes de consolidarse detrás de la lente, la vida de Villarruel estuvo marcada por el esfuerzo pues, tras perder a su padre a los 9 años en un accidente vial, tuvo que salir a trabajar. A lo largo de su juventud fue chacarero, verdulero, camionero, zapatero e incluso boxeador. Sus primeros pasos en la fotografía los dio en la plaza de General Roca junto a José Ramos, un histórico «fotógrafo placero». Con él aprendió el oficio de manera completamente manual, como calcular distancias, usar el diafragma y administrar la luz natural.

Juan ingresó al diario Río Negro en 1962 y se jubiló en 1994, etapa que él mismo definía como «los mejores años de su vida», según declaró en una entrevista al mismo diario. Su consolidación en el fotoperiodismo llegó cuando, ante un accidente ocurrido el 12 de noviembre de 1963, tomó una cámara del diario y logró las fotos que se publicaron al día siguiente, marcando el inicio de su extensa carrera. Durante su paso por la redacción, fue testigo de la evolución tecnológica en el medio. Empezó preparando él mismo la emulsión para los negativos en placas de vidrio, revelaba a mano y llegó a presenciar la primera etapa de la era digital.

Entre sus trabajos se destacan la huelga de El Chocón en 1969 y el denominado Rocazo en 1972. En lo profesional, más allá del archivo documental que dejó en el diario, marcó a generaciones de fotógrafos como César Izza, quien reconoció en él a un «maestro», destacando su generosidad para transmitir los secretos del fotoperiodismo en la región.

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