
DOCUMENTAL: CRÍTICAS
Ecos del nazismo en Bariloche
Por Lautaro Acuña Heier
“Pacto de silencio”, de Carlos Echeverría, se asemeja a una compleja radiografía, la cual mediante una voz en off acompañada de entrevistas, imágenes de archivo y escenas ficcionales, revela con sumo detalle la opinión favorable al nazismo en importantes sectores de la sociedad alemana de Bariloche, y que se quiso tapar con una manta de silencio hacia el exterior. Pero especialmente muestra cómo ésta acogió y encubrió al criminal de guerra Erich Priebke, ex miembro de la SS que tuvo un importante rol en la ciudad hasta los años ‘90, cuando un informe televisivo de la cadena estadounidense ABC reveló su verdadera identidad.
La primera escena del largometraje es filmada a mano por el mismo director, quien en el ’95 seguía a Priebke (en libertad tras un año detenido, antes del pedido de extradición a Italia) mientras salía de una iglesia. Los vecinos lo rodeaban, tapando la cámara y gritándole a Echeverría: “¿Para qué fuiste al colegio alemán?”, como si se tratara de un traidor. Ese es el punto de referencia que él toma para recordar su propio pasado, como una forma de mostrar el proceso de formación de los ciudadanos de la comunidad en el hogar como en el colegio que llegó a contar con Priebke en su cuerpo directivo.
El colegio tiene una gran relevancia en el documental, principalmente por su aporte para que generaciones venideras compartieran el “pacto de silencio” de la comunidad alemana barilochense. El rechazo a participar en una proyección del filme “La lista de Schindler” y la crítica de varios estudiantes hacia una profesora por su manera de hablar sobre el nazismo son algunas de las anécdotas lo reflejan. Y las dudas no dejan de surgir al saber que esta es financiada por la mismísima embajada de Alemania: ¿Qué tanto sabía la embajada sobre el funcionamiento de la institución? ¿Era consciente de que en el barrio Belgrano durante cada aniversario del nacimiento de Hitler se escuchaban aplausos y vitoreos?
El documental logra inquietar, entre otras cosas por sus reveladores testimonios y una sutil banda sonora que aporta la atmosfera de un thriller, similar a aquellas películas en las que el espectador sabe que algo está mal, pero que no se lo muestra explícitamente. La gran cantidad de material de archivo, entrevistas e información recolectada rinden cuenta de la intención de Echeverría en dar el relato más completo posible acerca de los hechos. Como muestra de ello, se estima que cerca de un 75 por ciento del material recolectado quedó afuera del corte final.
Para el cierre del filme quedan las escenas que mayor impacto generan. Fotografías que muestran los vínculos entre la colonia y el poder, en eventos donde se comparten copas con políticos locales, provinciales y nacionales, sin que ninguno “pregunte nada” al respecto. Y un viejo video que muestra a Priebke feliz en el centro de una fiesta, bailando, ajeno a los años del Tercer Reich a los que catalogó como “la mejor época de su vida”.