
DOCUMENTAL: CRÍTICAS
Por Fernando Viano
Dirigida por Natalia Garayalde, “Esquirlas” es un documental argentino estrenado en 2020. Esta ópera prima de la también creadora de “Yuyos” explora las profundas secuelas de la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, Córdoba, ocurrida el 3 de noviembre de 1995. A través de los ojos de una niña de 12 años que con su cámara casera registró los momentos previos y posteriores al desastre, la película nos presenta un relato íntimo, conmovedor y lleno de reflexiones.
Con una duración de poco más de una hora, Esquirlas ofrece una perspectiva única al mezclar la inocencia infantil con el horror de los hechos. A través de imágenes caseras, entrevistas contemporáneas actuales y sonidos diegéticos, Garayalde construye una obra que no solo rescata un episodio doloroso de la historia reciente de Argentina, sino que también invita a reflexionar sobre la complicidad del poder político y la vulnerabilidad de las comunidades afectadas, especialmente en un contexto en el que la figura del ex presidente Carlos Menem, en funciones en 1995, es objeto de reivindicación por parte del actual Gobierno Nacional.
Entre la inocencia y el horror
Uno de los aspectos más destacados de Esquirlas es su construcción formal. La manera en que Garayalde utiliza sus propios registros caseros para narrar la tragedia, desde la perspectiva de una niña, es un ejercicio impactante de contraste entre la inocencia y el horror. Aunque la película tiene un enfoque profundamente personal, podría haberse beneficiado de un contexto histórico o político más detallado sobre las causas y las implicancias de la explosión, lo que hubiera enriquecido la experiencia para los espectadores internacionales o aquellos menos familiarizados con el evento. A pesar de esta posible omisión, la combinación de imágenes caseras y la perspectiva infantil ofrece una visión única, directa y devastadora del desastre.
La edición, precisa y envolvente, permite una conexión emocional profunda con los acontecimientos. A través de una narrativa que no pierde la frescura de la mirada infantil, la película también subraya el impacto intergeneracional de la tragedia. La banda sonora, minimalista pero poderosa, compuesta por sonidos cotidianos y atmósferas opresivas, intensifica la sensación de desamparo y caos que vivieron los habitantes de Río Tercero tras la voladura de la fábrica y sus consecuencias irreparables.

A través de esta atmósfera auditiva y visual, Garayalde transmite un mensaje claro y contundente: denuncia las injusticias y los encubrimientos del poder, pero también rescata la memoria como un acto de resistencia. En este sentido, Esquirlas se convierte en una obra artística trascendente, a la vez que en un recordatorio de que el cine es una herramienta de transformación y diálogo con la historia, especialmente cuando se acerca de manera personal al pasado para llevarlo finalmente al presente colectivo.
Lo que distingue a Esquirlas es su autenticidad y su carácter profundamente humano. A diferencia de los relatos institucionales/oficiales sobre la explosión que dejó un saldo de siete muertos, el documental interpela al espectador a reflexionar sobre las heridas abiertas de nuestra historia, invitándonos a cuestionar las versiones oficiales y a reconocer el impacto de las tragedias no solo en las víctimas directas, sino en toda una comunidad. En este sentido, la película no solo se establece como un valioso documento histórico, sino también como una obra cinematográfica comprometida que debe ser recomendada sin reservas a quienes buscan un cine independiente, auténtico, comprometido y profundamente humano.