
DOCUMENTAL: CRÍTICAS
El impactante ruido del silencio
Por Maite Arana
El documental “El silencio es un cuerpo que cae”, está dirigido por Agustina Comedi y fue estrenado en 2017. En el reparto se incluye a Jaime Comedi, Susana Palomas y La Delpi. Aunque se puede definir como un drama, la película es una combinación entre biografía e historia social y política.
Este largometraje cuenta la vida y secretos de un hombre desde el relato de su hija, Agustina, la directora. A través de viejas filmaciones en rollo de celuloide, narraciones de sus amigos y vínculos cercanos, videos actuales e imágenes de archivo, la directora cuenta parte de la vida de su padre, Jaime Comedi, quien falleció dejando una historia llena de incógnitas, que ella desconocía. Así, junto con el material fílmico recuperado y con el que es propiamente creado para el documental 17 años después, Agustina presenta dos vidas completamente distintas del protagonista, Jaime.
El film logra acercar al espectador a la vida de una persona en particular, atravesada por la homosexualidad y la política. La historia puede trasladarse a la de muchas personas y familias de esas épocas marcadas por la dictadura de 1976. Principalmente el trabajo de la realizadora se basa en grabaciones de su padre con una cámara antigua, lo cual permite entender la vida a través de su mirada: qué grababa, qué elegía mostrar, cómo enfocaba las situaciones (la mayoría cotidianas, como almuerzos, viajes, reuniones, festejos).
El guion muestra dos vidas, las que ocurrieron casi simultáneamente hasta el año 99. A pesar de que Jaime se convirtió en un padre de familia, previamente cargaba con una historia completamente distinta. Estas dos se diferencian a través del tipo de registro y de los testimonios, las grabaciones familiares dejan ver una parte de su historia, mientras que para referirse a su “otra vida” se muestran personajes pintorescos y videos más artísticos de una época aún más antigua.
Agustina comenta por momentos sólo con su voz datos importantes de la historia de su familia para poner al espectador en contexto. Con poca intervención de sonido, el documental es una recopilación de lo que Jaime eligió grabar desde que compró su primera cámara. También se presentan testimonios de sus amigos de la juventud, quienes cuentan cómo se vivió la homosexualidad en la militancia política durante los años 70 y 90 en el país.
Abordando temas delicados como la sexualidad, las enfermedades, la violencia, se narra partes de la vida de Jaime hasta su accidente fatal, y el espectador tiene la oportunidad de ir reconstruyendo la historia de esta persona a través de lo que dejó registrado con su cámara y lo que hoy su hija elige recuperar.
Aunque muchas escenas tienen sonido ambiente o se escuchan meras conversaciones rutinarias, el producto final nos permite entender por qué cada toma fue elegida. A través del propio film la directora/hija va descubriendo aspectos de su familia que se mantenían ocultos, en silencio y que con las grabaciones salen a la luz.
El documental interpela al espectador brindando reducida información sobre la vida de Jaime y pocas palabras para referirse a él, otorgando la mayor relevancia a las imágenes cotidianas que el propio protagonista vivió en primera persona. A lo largo del film las dos vidas e historias se van entrelazando, formando un registro poético sobre la homosexualidad, la familia, el amor y la libertad. Este registro se destaca por el peso del silencio, el cual genera ruido en cada escena, abriendo más preguntas sobre la clandestina vida que llevó el protagonista, quien dejó registros fílmicos incluso hasta el día de su muerte.