
MÚSICA: CRÍTICAS Y SHOWS
Por Rosana Zeballos
En el marco de la muestra “Campo Grande Expone”, una banda emergente del Paraje El Arroyón brindó un show que atravesó al público con la energía de los verdaderos artistas.
Es sábado a la noche y en la sala Hugo del Carril, de Cinco Saltos, no cabe ni un alfiler. Los asistentes coparon las sillas y se acomodaron en los pasillos, sentados en el piso, y parados al fondo. Es la primera vez que este espacio logra este récord de asistencia, así que la organización tiene en sus ojos una mezcla de sorpresa y alegría. Contra todo pronóstico, quienes han logrado lo que nadie son artistas emergentes: una muestra de pinturas de una localidad vecina y la banda Caty y los Morrones, del Arroyón.
Esta banda hace hoy su debut oficial, sin embargo, ya cuenta con muchas presentaciones amateurs. Hay un público que espera a su estrella desde temprano, se saludan entre abrazos, se acomodan en grupos y sonríen emocionados al ver a sus integrantes caminar por la sala. Pero también hay muchos otros que vinieron sin conocerla, y que están a punto de descubrir un show impactante.
Música para mis oídos, café para mi alma
Las luces se apagan. La muestra de arte ha terminado, empieza el show. Caty, la líder y vocalista de la banda ingresa a la sala con un cuenco entre las manos. Sahuma la sala y toda la atmósfera se llena de un aroma delicado, conocido. En el escenario, en simultáneo, empiezan a sonar los primeros acordes, mientras ella danza etérea, entre la gente.
Una vez arriba, Caty toma el micrófono y se presenta como una artista rural, la enorgullecen sus orígenes, pronuncia con fuerza el nombre del Arroyón. Ese paraje, tantas veces infravalorado, tiene en ese momento la frente en alto. Inicia el repertorio y las bocas de los presentes empiezan a moverse entonando esos “clásicos que sabemos todos”. El blues, el funky y el rock se apoderan de la sala interpretados maravillosamente por esta artista, dueña de una voz privilegiada. Es imposible no entrar en la magia, la masa de gente se deja transformar por la melodía. Mientras la música suena, un grupo de amigas reparten entre el público pequeños vasitos de un caliente y delicioso “café de higo”. El show ha completado su círculo. Los asistentes recibieron su cuota de placer, y pueden volver a casa con los cinco sentidos satisfechos.
Cuando la presentación finaliza (luego de varios bises) la gente sale despacio, como sin ganas de volver a la realidad. Más abrazos, felicitaciones, las miradas con el brillo de la emoción. Caty se funde entre su gente, vuelve a ser la madre, la amiga, la mujer que cada día cocina con productos de su huerta. Lo ha mostrado en una noche de música, pudo fusionar ese amor por la tierra con su pasión por la música. Los músicos bajan como quien ha ganado una batalla. Terminó la primera presentación, ahora están seguros de que no será la última.
Ya no hay marcha atrás: el arte rural entró por la puerta grande, y ganó esta noche, su lugar.