
SOBRE “ENVIDIOSA”
Guion: Carolina Aguirre
Dirigida por: Gabriel Medina
Productores ejecutivos: Adrián Suar, Diego Andrasnik, Lucas Rainelli, Agustín Sacanell, Productor: Mariana Gamboa y Matías Edelman
REPARTO: Griselda Siciliani como Victoria, Esteban Lamothe como Matías, Benjamín Vicuña como Nicolás, Pilar Gamboa como Carolina, Violeta Urtizberea como Lucila, Marina Bellati como Débora, Bárbara Lombardo como Melina, Martín Garabal como Daniel, Lorena Vega como Fernanda, Susana Pampín como Teresa.
PERSONAJES SECUNDARIOS: Arturo Puig como Héctor, Patricia Echegoyen como Diana, Mimí Ardú como Silvia, Leonora Balcarce como Magalí, Adrián Lakerman como Fermín, Débora Nishimoto como Mei, Milla Araújo como Bruna, Camila Peralta como Laura.
SE PUEDE VER EN: NETFLIX
SERIES: RESEÑAS Y REFLEXIONES
Por Fernando Viano
¿Qué puede haber de interesante, atractivo o sorprendente, en una serie que desde el vamos, desde su nombre mismo, da todo por sentado? ¿Qué puede llamar la atención al espectador de un argumento que hace pie, que ancla sus intenciones (buenas y malas) en una temática que atrasa 40 años? ¿Qué pueden encontrar los amantes de las comedias en un personaje -Vicky-, que no se sabe bien si es o se hace?
En clave de búsqueda de una mínima orientación para esta propuesta de Netflix producida por Adrián Suar, escrita por Caro Aguirre y dirigida por Gabriel Medina, podría decirse con algún viso de certeza que se circunscribe como género, a la comedia romántica. De allí en más, «Envidiosa» se sumerge en el terreno movedizo de las contradicciones, los contrastes, lo absurdo que solo puede sostenerse gracias al impecable trabajo actoral de Griselda Siciliani que, en medio de ese desaguisado argumental, corre el riesgo incluso de perderse de vista y no ser valorado en toda su dimensión. De hecho es Siciliani, junto a un destacado elenco, quien sostiene lo que a todas luces sería francamente insostenible, debido a lo inverosímil que por momentos se torna el guion, plagado además de lugares comunes y situaciones obvias que subestiman a un espectador que, sin embargo, por algún motivo termina siendo seducido y resuelve quedarse un poco más, a ver si algo cambia. ¿Pero acaso algo puede cambiar cuando todo tiende a permanecer dentro de lo preestablecido?
Esta serie viene a ocupar un espacio dentro de lo que Netflix dio en llamar «Hecho en Argentina» y, al margen de todo pronóstico llegó a convertirse en furor. Cuenta la historia de Vicky, una mujer a punto de ingresar en la famosa crisis de los 40, que se acaba de separar, y que no tolera ver a sus amigas logrando las cosas que ella nunca pudo conseguir, resumido esto en su -agotadora- obsesión por el casamiento. Se trata, en suma, de una especie de Susanita (de la famosa tira Mafalfa) de este tiempo que, entre otras cosas, cree haber comprendido los conceptos del feminismo, pero que al mismo tiempo y entre otras tantas cuestiones afirma que «quiere ser la gran mujer que está detrás de un gran hombre».
En ese camino, como era de esperar, se encuentra con Matías Larsen (Esteban Lamothe), el tipo bonachón, de barrio, humilde que la contiene en todos y cada uno de sus dramas, pero decide engancharse con Nicolás (Benjamín Vicuña), el empresario fachero y muy presumiblemente chanta que no solo le garantiza el estatus social deseado, sino que, además, es su jefe. Y todo ello, para enrostrarle a Daniel Oribe, su ex (interpretado por Martín Garabal), que rehízo su vida con una exuberante brasilera (y también a sus amigas), que ella puede, que es una ganadora. Párrafo aparte, en este punto: las escenas en que Vicki se encuentra con Fernanda (una brillante Lorena Vega), su psicóloga, tal vez de lo más jugoso de la serie.
En ese marco conceptual que refiere directamente a las comedias románticas de los ’80, o a las producidas por Adrián Suar en la época de oro de Polka, cuando la ficción brillaba en las tiras diarias, «Envidiosa» intenta hacerse fuerte a partir de un tono irreverente que remite a una modernidad que, sin embargo, choca con un tradicionalismo recalcitrante. No obstante, funciona bien a la hora de generar controversias entre el público, cuestión que en definitiva le vino como anillo al dedo para alcanzar un “envidiable” (valga la redundancia) posicionamiento que va más allá de todo lo endeble que pueda resultar su argumento.
Esencialmente incoherente, navegando entre lo pretendidamente moderno y lo procaz, haciendo gala de una sátira llevada -peligrosamente- al límite, pero a su vez apelando a conceptos distantes de la deconstrucción, «Envidiosa» no hace más que trasladar hacia el afuera un debate que sigue siendo necesario, pero que hacia adentro se queda corto, debido a lo básico de su estructura, con personajes que fueron concebidos de manera lineal y esquemática, y con situaciones que rozan el ridículo, cuando no lo grotesco y termina por reducir a la mínima expresión cualquier pretensión de trascendencia. Fuera de la actuación de Siciliani, bien acompañada por el resto del elenco (incluyendo la actuación de un desdibujado Arturo Puig, en el papel de Héctor Mori, padre de Vicky), «Envidiosa» cae irremediablemente en el terreno de lo fácil y rápidamente olvidable. No obstante, vale afirmarlo, si su objetivo era hacer que los espectadores se enredaran en una discusión sobre cuestiones que ya no deberían ponerse en tela de juicio, pero que evidentemente siguen tan vigentes en nuestro país como raramente uno pueda imaginarlo, el objetivo está más que cumplido.
Es en este contexto, tal vez, que uno puede responder a las preguntas del principio respecto del atractivo generado por esta serie, de la cual ya se anunció su segunda temporada. Pero el punteo de interrogantes no queda allí, sino que se amplifica: ¿Cuántas Vicky se vieron reflejadas en la Vicky de «Envidiosa? ¿Cuánto de los supuestos avances y logros del feminismo en Argentina impactó realmente en una sociedad tan afecta al patriarcado y a que todo tiempo pasado fue mejor? ¿Llegará para Vicky y algunas de sus amigas -en la ficción y en la realidad- el tiempo de «revelarse»? Demasiadas preguntas, quizá, para las que seguramente no tenemos una respuesta en lo inmediato, pero que dudas terminan por ubicar a “Envidiosa” en el lugar en que, como producción y en función del análisis, merece estar: en un segundo plano.