
CRÓNICAS DE EVENTOS EN VIVO - TEATRO
Por Mariana Carnese
Las luces del teatro Liceo acaparan las miradas de los turistas que caminan agrupados por la plaza del Congreso, buscando los secretos ocultos de la ciudad que nunca duerme. En la vereda opuesta un joven de espalda encorvada y mirada perdida espera las sobras del día, detrás del vidrio de un antiguo bodegón.
Esta noche húmeda de inicios de primavera pretende ser mágica para la veintena de personas que empieza a acumularse en la vereda del teatro, esperan para poder ver la renombrada puesta de “Piaf”, a cargo de la talentosa Elena Roger.
El Liceo, el más antiguo de la ciudad, con sus 150 años de historia, se alza con su fachada imponente como un viejo templo sagrado. A medida que se acerca el horario de apertura, la gente va formando fila sobre la calle Paraná, rodeada de un bullicio inquieto y festivo.
Una vez dentro, el ambiente cambia, todo se tiñe de una luz tenue. Las mesas de la planta baja simulan un café concert. Los acomodadores yendo y viniendo en todas direcciones con una mezcla de agitación y nerviosismo. La expectativa se palpita en el aire y en cada rincón del teatro, en el que el tiempo parece haberse detenido.
Las luces se apagan y el público se sumerge en un callejón de Francia de los años 30’. Aparece ella: delgada, pequeña y desalineada, pero con una voz única, mezcla de barrio y aristocracia, de simplicidad y fastuosidad.
La obra recorre toda la vida de Edith Piaf, sus inicios, su crianza a cargo de prostitutas, sus éxitos en Francia y Estados Unidos, sus amores y fracasos. La vida del “gorrión de París” (como fue bautizada en sus inicios) fue muy dura, pero en esta adaptación la penuria y la tristeza están matizadas con humor y gracia.
Dirigida por Jamie Lloyd, el mismo que la estrenó previamente en Londres, logra ese clima perfecto con una puesta en escena minimalista pero que traslada al público automáticamente, como en un viaje en el Delorean, al París del burdel y la vida en las calles.
La obra cuenta con excelentes actuaciones como la de Julia Calvo, Diego Jaraz, Rodrigo Pedreira, Natalia Cociuffo, Ángel Hernández y Federico Llambí, entre otros, pero la interpretación de Piaf a cargo de Elena Roger es sublime. Hace 10 años ella fue reconocida por su actuación en “Evita”, musical que protagonizó junto a Ricky Martin en Broadway, y en esta oportunidad logra meterse en la piel del personaje y transmite de una manera mágica el alma y la voz de Edith Piaf.
Entra a escena Natalia Cociuffo, quien se pone al hombro a la magnífica Marlene Dietrich, e interpreta junto a Elena Roger “La vie en rose”. Conmueven con sus voces hasta la fibra más íntima del público en la sala, que se pone de pie para ovacionar sus formidables participaciones. Todo esto acompañado por un talentoso dúo, Carlos Brítez en piano y Gabriel Abramovich en acordeón.
El espectador, va percibiendo el paso del tiempo que deja sus huellas en el físico y en la salud de la cantante francesa. Y cada uno de esos momentos es coronado por una canción, la cual es percibida como un regalo a los sentidos. La obra se disfruta desde el minuto uno hasta que baja el telón.
El teatro permite imaginar, divertir, emocionar y vivir la experiencia que ofrece. Esta obra logra cubrir con creces las expectativas de los que se dieron cita esta noche. El final con “Himno al amor”, la única canción interpretada en español, con una Elena Roger o mejor dicho Piaf, en el final de su vida, cansada y sola sobre el escenario, es el broche de oro de una noche que quedará en la memoria. Todos salen del teatro, obnubilados y convencidos del poder de esta puesta escénica. Les cuesta irse, como si volver a casa significara olvidar lo vivido.
Un grupo de amigos espera a un costado la salida de los actores y uno de ellos entre risas y asombro afirma: “Si Piaf viviera, estoy seguro que pagaría por verla”.