
La elección del lugar tuvo varias razones técnicas: Gastón explicó que el skatepark les permitía una contención acústica ya que si bien el cemento refracta el sonido, al ser un día frío, la onda de sonido se aplaca y queda más pegada al piso por lo que al estar dentro de un pozo no sobresale tanto hacía afuera. Además, las alfombras de las baterías absorben las vibraciones.
Uno de los motores que llevó al desarrollo de este evento fueron curiosamente los cumpleaños. Este año la Academia de Percusión cumplió diez años pero además, en agosto, tanto el director de la Academia Facundo Catalan como los docentes Gastón y Leandro también cumplieron años por lo que quisieron hacer un evento grande. Entre charlas pensaron en artistas que cumplieran en ese mes y llegaron al gran genio musical Gustavo Cerati que nació el 11 de agosto de 1959.
CRÓNICAS
Por Mara Díaz
La popular pista de skate de mil doscientos metros cuadrados que disfrutan cientos de jóvenes en General Roca, se convirtió en el epicentro de un encuentro de 33 bateristas en homenaje a la mítica Soda Stereo.
El sol de invierno impactaba de lleno en el cemento del skatepark. Eran las 9 de la mañana y bateristas de General Roca, Neuquén y Buenos Aires comenzaban a bajar sus instrumentos de los autos y trafics para ubicarlos estratégicamente en el amplio espacio deportivo del popular skate park de General Roca, y sacar provecho al máximo de la acústica del lugar.
El grupo constituido por 33 bateristas, mujeres, hombres, niños y adultos mayores, era dirigido por Gastón Tartaglia, docente de formación de bateristas del “Espacio Percusión”, una academia de la ciudad en la que se dictan talleres de bombo legüero, folklore nacional y más. Durante semanas ensayaron la obra de Charly Alberti, baterista e integrante fundador de la histórica Soda Stereo, conformada también por el cantante y guitarrista Gustavo Cerati y el bajista Zeta Bosio, en 1982.
En menos de una hora el skatepark pasó de ser un desierto de rampas grafiteadas, al escenario de un evento único en la región. Las manos rojas por el frío se organizaban para llevar adelante el proceso de armado de las baterías como si se tratara de una receta con medidas a ojo: primero situar el bombo con su pedal, después acomodar el tambor y el hi-hat esenciales para el groove -un patrón rítmico que tiene un carácter distintivo y genera una sensación de movimiento y fluidez-, y por último posicionar los toms y los platillos a gusto.
A las 10:30 de la mañana, cada músico se encontraba en su puesto con las baquetas en sus manos. El público guardó un silencio cargado de expectativas, Gastón ubicado en la parte más alta del skate y en frente a los 33 músicos sonrió e hizo un ademán con sus manos dando inicio al show.
Los palillos de madera comenzaron a moverse rápidamente y el sonido se deslizó por las rampas al ritmo de una de las canciones más conocidas del trío musical, Hombre al Agua. Este hit fue compuesto por Cerati y Daniel Melero, su versión original apareció en el álbum “Canción animal” de 1990. La sugerencia de esta canción fue dada por el docente Leandro Lanthier dado que tiene una estructura variada, tranquila, con un groove sencillo, cortes y silencios marcados.
El aire vibraba, cada baterista era un arquitecto del sonido que invitaba a la audiencia a recordar las melodías de una de las bandas más importantes de nuestro país. El espacio abierto permitía que los músicos pudieran dejarse llevar y golpear sus baterías, tan fuerte como quisieran, sin límite para el volumen. Gastón por su parte tenía a su lado tres guías de pulso que escuchaban la canción en auriculares y le marcaban el tempo.
Visualmente la panorámica estaba compuesta por colores rojos, amarillos, verdes, negros y blancos de las baterías que se complementaban con los graffitis, los platillos brillaban con el sol, los vestuarios de los músicos eran diversos y únicos, desde un estilo rockero con blazer de cuero rojo y sombrero vaquero a otros con la camiseta de argentina. Un dron y tres camarógrafos se trasladaban por la pista registrando el evento donde el público en movimiento, simulaba tocar bombos, cajas y platillos invisibles.
Finalizó la primera canción y un eco quedó en el aire, los aplausos se hicieron presentes, las sonrisas y miradas cómplices entre los bateristas indicaban una sensación de conformidad colectiva. Gastón preparaba la siguiente canción, uno de los temas más conocido de Soda Stereo que además de ser una gran pieza musical, el docente destaca por su fill, un adorno o un arreglo que se utiliza como transición entre dos secciones.
Unos minutos después desde los parlantes se escuchó una guitarra eléctrica y la emoción de todos escaló, era la hora de Música Ligera, el tema más conocido a nivel mundial de la banda, escrita por Cerati y Bosio, lanzada como el primer sencillo de su quinto álbum “Canción animal”. A cuadras de distancia se escuchaba la orquesta de baterías y el canto del público.
Uno de los motores que llevó al desarrollo de este evento fueron curiosamente los cumpleaños. Este año la Academia de Percusión cumplió diez años pero además, en agosto, tanto el director de la Academia Facundo Catalan como los docentes Gastón y Leandro también. Entre charlas pensaron en artistas que cumplieran en ese mes y llegaron al gran genio musical de Gustavo Cerati que nació el 11 de agosto de 1959.
Razones y manos no faltaban, sólo ameritaba elegir el lugar. Pensaron en la sala multicultural Quime Quipan donde dictan clases de grabación pero el espacio era reducido para el evento que querían por lo que finalmente pensaron en un lugar al aire libre para que la gente se sumara a disfrutar del show. Así fue que llegaron a la idea de usar el skatepark.
— Compañeros que trabajan en sonido me dijeron que como el día iba a estar frío, la onda de sonido se iba a aplacar quedando más pegada al piso y al estar dentro de un pozo no iba a sobresalir tanto. Esto nos servía ya que si bien el cemento así pelado es un elemento que te hace reflectar el sonido, cada batería lleva su alfombra que absorbe las vibraciones por lo que el skatepark nos daba una contención acústicamente hablando – explica Gastón.
“Música Ligera”, el clásico, terminó entre aplausos y el director buscó la atención de cada baterista. El silencio indicaba que se acercaba el inició de la última canción. Los músicos entrados en calor comenzaban a desabrigarse, ya era mediodía y el sol impactaba sobre sus cabezas. La canción era conocida para ellos ya que es uno de los primeros groove que se enseña en el taller de percusión. Con el conocimiento en sus manos esperaron la señal de su director. Gastón bajó las manos y tan sólo una pisada a tierra bastó para que los redoblantes se hicieran escuchar, era el momento de “Prófugos”, tema que forma parte del álbum “Signos” publicado en 1986 y escrito por Cerati y Alberdi.
El ritmo de las baterías se mezclaba con el latir de los corazones. La canción transcurrió entre sonrisas compartidas y energías entrelazadas hasta que el último golpe cesó y con el cuerpo vibrando aún se dio fin a uno de los homenajes más clamorosos de la región.
—Uno no se da cuenta de lo impresionante que es cierra Gustavo- porque en el momento estás pendiente a la coordinación, la organización, que todos estén cómodos y se escuchen las canciones. Después cuando la adrenalina baja, ahí empieza el cuerpo a recordar esa sensación porque todo queda grabado, toda esa masa de sonido que uno está vivenciando en el momento. Fue único, un antecedente en la región, y ojalá no sea el último.